Semana de tormentas hemos tenido. He tenido que soportar algún que otro tormentazo veraniego, tanto atmosférico como en lo que respecta al tema laboral. Os relataré los hechos en orden cronológico.
El principio de la semana (lunes, martes y miércoles) los he dedicado a realizar los exámenes finales de la tercera evaluación. Los alumnos estaban muy revueltos, y lo entiendo perfectamente, porque a una media de 2-3 exámenes por día no se puede aguantar mucho. Con todo, no creo que haya habido grandes descalabros en este último tramo.
A mitad de semana es cuando me han tenido que entrar las prisas. Las notas tenían que quedar puestas ese día y yo tenía un par de exámenes. Gracias a que las clases de 2º de bachillerato ya terminaron, pude corregir y tamagochizar las notas del primer grupo. El del segundo ha sido un poco peor, porque he tenido que hacer la corrección en apenas media hora para llegar a tiempo. Menos mal que fui previsor y ya tenía parte del trabajo adelantado, pues había alumnos que claramente habían superado (o que no tenían ninguna posibilidad matemática de aprobar aún sacando un 10). Al final, y por los pelos, corregí los exámenes y pude poner las notas que me faltaban.
Ese mismo miércoles y el jueves se desarrollaron las sesiones de evaluación del tercer trimestre. Nada nuevo bajo el sol. Por lo general, el que ha ido bien todo el año no ha tenido problemas para aprobar este último trimestre. A los demás se le podría aplicar el título de una novela de García Márquez (Crónica de una muerte anunciada, que aunque no venga a cuento, recomiendo leer, pues me parece un gran libro).
El final de la semana ha sido un poco extraño. Con los alumnos, uno por uno, he hecho un repaso a cómo les ha ido la asignatura (pongamos que ha sido una adaptación libre del programa Confesiones que, dicho sea de paso, creo que nunca he visto). A los que han aprobado bien les he dado la oportunidad de maquillar un poco la nota final y a los que tienen algo que recuperar les he contado qué se tienen que preparar para aprobar la asignatura. Una cosa que han agradecido es que no haya hecho en público esta parte de la clase, porque entiendo que puede llegar a ser violento para algún alumno exponer sus suspensos al escarnio público y porque, ciertamente, tampoco creo que Fulanito tenga que saber cuántas y con qué notas ha suspendido Menganito.
¿Pensabais que la semana terminaba aquí? Pues nada más lejos que Nueva Zelanda. La noche del viernes ha sido muy larga (por eso os escribo un sábado). Como ya sabréis, este año se cumplen 50 de la entrada en funcionamiento del instituto en el que trabajo. Se han organizado muchas actividades, de las que os he dado cumplida cuenta a lo largo del curso. Como colofón, se ha organizado un acto final que paso a relataros.
A las 20:00 se ha celebrado un acto institucional de clausura de los actos del cincuentenario. Tras los discursos de las autoridades, se proyectó un vídeo que relata la historia del centros. Este vídeo me ha encantado, en particular algunas escenas en las que se han relatado anécdotas del instituto, como la adquisición de un automotor para facilitar el transporte de los alumnos, pero que se recalentaba y/o volcaba con preocupante asiduidad. Muy recomendable, desde luego (el vídeo, no el automotor, claro). Y luego, cena y orquesta en el hotel, a modo de cochofro fin-de-curso fin-de-etapa traca-final-de-los-actos.
La semana que viene promete ser más calmada. ¿O quizás no?
Ya os lo contaré. Gracias por leerme y hasta dentro de poco.




