
Como el que no quiere la cosa, ha llegado junio, el último mes del curso. En realidad, llegar no es la palabra que define con mayor precisión este hecho. Más bien debería decir que junio se nos ha caído encima, que ha irrumpido en el curso para darnos aviso de que el ciclo está a punto de cerrarse.
Esa sensación (que he descrito tan confusamente en el párrafo anterior) es la que me ha perseguido estos días. Aunque soy un hombre tranquilo, esta semana he experimentado cierto estrés. Para facilitarle la vida a los alumnos, he programado actividades opcionales en los recreos. Los resultados no han sido muy buenos, al menos ese es mi punto de vista, porque he tenido que andar a la carrera de un sitio para otro para intentar no llegar demasiado tarde.






