Jamones para Redmond ... ¿Lomos ibéricos para Longoria?

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Os contaba hace unos días los sentimientos agridulces que sentían algunos tras la memorable victoria española en la Eurocopa. Hoy, todavía con el campeonato de Wimbledon de Nadal en la retina, os relataré los sentimientos agrios que me producen otros tipos de hechos.

Como seguro que todos sabéis, hace años la Junta de Extremadura apostó por Linex como sistema operativo para el ámbito educativo. Creo que ni el más optimista esperaba la repercusión de esta decisión. Seguramente, y como casi todo en esta vida, la opción de elegir un sistema operativo libre es, desde el punto de vista técnico, la más acertada, además de loable por hacer el uso más razonable de los impuestos que pagamos todos (por cierto, una tarde de aburrimiento hace años, cuando todavía me aburría, calculé que entre impuestos directos e indirectos se me va aproximadamente el 50% de lo que gano, así que pido que nadie me acuse de insolidario).

Explicar esta decisión a las masas es difícil, porque la gente ve un ordenador sin el Güindous ese y se le ponen las uñas de los pies para arriba. Es por ello, oye (aviso para los jóvenes: esto era una broma de Martes y 13) que quiero resaltar la mejor explicación que leí en su día sobre el asunto: "Jamones para Redmond". La mala cabeza que tengo no me permite recordar quién fue el autor de este prodigio, pero vaya desde aquí mi sincero homenaje por acuñar la expresión. Para los pocos versados, la idea que subyace es que el paso a Linex supone para la Junta dejar de despilfarrar los beneficios obtenidos de vender jamones (autobombo: Azuaga, el pueblo del Ibérico, no deje de visitarnos y degustar estos sabrosos manjares), entregándoselos al Sr. Bill Gates en persona por la compra de su Güindous (el producto más sobrevalorado de la historia de la humanidad, según mi humilde opinión).

Pues bien, una vez librados del yugo de Microsoft y conseguido revertir en nuestra tierra (Extremadura) los beneficios que conseguimos, llega otra vuelta de tuerca para ponernos más difícil acceder a las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC a partir de ahora), y no es otra cosa que el canon, un impuesto revolucionario en toda regla (aunque apoyado por este gobierno nuestro que tenemos) y que supone una tremenda zancadilla al impulso de la sociedad del conocimiento.

No quiero aburriros con tablas de datos de compensaciones ni con estudios sobre la vulneración que supone esta barbarie de nuestra vilipendiada Constitución, pero por poneros un ejemplo muy simple: comprando los DVDs y los CDs que necesito (atiende, Ramoncín) para temas de software libre, como pasar distribuciones a la gente que se siente interesada, probar software, y hacer copias de seguridad del trabajo que vengo realizando durante años (trabajo que además, hago de forma totalmente altruista), tendría que pagar en España un 91,53% más que si los comprase en el extranjero.

¿Alguien lo entiende? Para mí, y parafraseando al de antes, se trata de un caso de "Lomos ibéricos para Longoria" (el palacio de Longoria es donde tiene la sede la SGAE). A saber la burrada que no tendrá que pagar la Junta de Extremadura en CDs para distribuir copias de Linex. Desde luego, la aprobación de este canon ha supuesto un día muy negro para el software libre.

Y, queridos compatriotas, ya sé que estamos en tiempos de crisis y que debería aportar mi pequeño grano de arena a la economía local, pero hasta que no cambie la cosa, éste que les habla comprará los soportes digitales que necesite (y vuelvo a incidir, para usos que nada tienen que ver con la piratería) en el extranjero.

Ahí queda eso. Gracias por leerme y hasta la próxima.